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Libre y Salvaje
Cariñena
Hubo un tiempo en el que estas laderas comenzaron a quedarse en silencio. Viñas abandonadas, caminos olvidados y un paisaje que parecía resignado a desaparecer. Libre y Salvaje nació para cambiar ese destino. Cada viña que recuperamos es una forma de devolverle la vida a la Sierra de Algairén.
No buscamos las parcelas más cómodas, sino aquellas que todavía conservan memoria. Viñas viejas de Garnacha y Cariñena, cultivadas entre piedra, monte y viento, donde cada cepa ha sobrevivido gracias a un equilibrio que la naturaleza lleva construyendo durante décadas.
Bajo nuestros pies se esconde otra bodega. Kilómetros de galerías excavadas en la roca que durante generaciones protegieron el vino y hoy siguen recordándonos que aquí el tiempo nunca ha sido un enemigo, sino el mejor aliado.
Cada decisión dentro de la bodega nace de la misma idea con la que comenzó este proyecto: intervenir solo cuando es necesario. Recuperar un palacio del siglo XVIII no era una cuestión de arquitectura. Era devolverle su lugar a una parte de la historia de Almonacid de la Sierra. El vino también se construye con la memoria de las personas que habitaron este territorio.
Libre y Salvaje no pretende recuperar el pasado. Quiere demostrar que todavía es posible construir el futuro desde el respeto por la tierra, las personas y la identidad de un territorio que nunca dejó de tener algo importante que contar.